FORO DE BUCEO DEPORTIVO

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Fecha actual 05/Ago/2020, 07:19

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 Asunto: PONTA DO OURO: El sabor de los arrecifes con salsa picante
NotaPublicado: 07/Dic/2019, 11:34 
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Dive Monster Weber
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"Una inmensa bahía de arena dorada presume tendida de su curva de media luna. Aguas sedosas envuelven arrecifes bendecidos por el detonante efecto de la microvida. Puntiagudos escualos atraviesan la bruma con las burbujas deslizando sobre su áspera piel. Rayas y morenas aguardan camufladas en los fondos disfrazadas de leopardo. Un didgeridoo retumba en la noche acompañado por un caótico coro de risas. En la última madrugada, las olas rompen suavemente a escasos metros de tu cama susurrándote que no dejes de volver."
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Si tuviera que elaborar un ranking de las aguas más hostiles con las que he lidiado durante toda mi vida de hombre rana, probablemente, no lo haría porque sería una pérdida de tiempo pero, de momento, estaría liderado por las de las costas mozambiqueñas de Tofo durante un ventoso mes de agosto. Tocaba volver allí pero para bucearlas en esta ocasión en un mes mucho más amable.

Noviembre supone el comienzo de su verano y de la temporada de lluvias durante las que las condiciones se presumen más favorables. Pero esta previsible bonanza nunca aderezaría con la suficiente chispa un buen plato de aventura por lo que se hacía necesario condimentarlo con mi ingrediente complementario infalible. El adrenalínico picante tiburonero.

Así que, este plan requería de una parada previa y la cruz había sido marcada en el mapa sobre otra preciosa bahía mozambiqueña, casi gemela a la de Tofo y muy próxima a la frontera con Sudáfrica, la de Ponta do Ouro.

Tras unas horas de carretera llegamos a Lisboa para encontrarnos en el aeropuerto con dos buenos compañeros de aventuras pasadas y de otras por venir, que en el último momento decidieron unirse espontáneamente a la primera parte de la aventura tras conocer el proyecto.

Volaríamos con la única compañía aérea que, desde allí, viaja directo a Maputo, TAP. Con ella, padecimos una de las peores comidas que jamás hayamos probado en un avión. Ni la clásica pasta con tomate y queso, que suelo usar como comodín protector de mi estómago, era comestible. Si a eso le añades un minúsculo pan tipo mendrugo, vegetales y frutas pasados y un pastel de hace una semana seco como el esparto el menú podría quedar bien resumido.

Llegados al aeropuerto pasamos el lentísimo trámite aduanero donde a la hora de pagar el visado te aplican de modo leonino la absoluta paridad euro-dolar. Con ello alguien se embolsa un 10% que, turista tras turista puede llegar a suponer una fortuna para algún espabilado local además de un abuso que conseguí esquivar desenfundando con velocidad la tarjeta de crédito para pagar en meticales.

Si a algo siempre dedico especial atención y tiempo al preparar mis viajes de buceo es a la elección del barco o del centro que se va a encargar de brindarnos el alto porcentaje de capsaicina requerido para que nuestros deseos puedan hacerse realidad y, también, en llevar preparados los transfers cuando la distancia es considerable y el riesgo de perder un vuelo o de ser despojado de tus pertenencias en el trayecto considerable. Así, que, nada más salir con las maletas por la puerta nos esperaba Herb, el gigantesco dueño del centro Underwater Explorers (The Whaler) que se encargaría de conducirnos sanos y salvos en su Jeep a nuestro destino y de paso ir avisando al personal para que iniciasen los preparativos para la inmersión de chequeo.

Para alegría de todos descubrimos que el trayecto que antes se realizaba desde Maputo a Ponta do Ouro en 3 o 4 horas de intenso traqueteo por carreteras embarradas en un indispensable 4x4 ahora, con la construcción de un gran puente y de una carretera nuevecita, se había reducido a tan solo 90 minutos durante los que fuimos conversando sobre el buceo y la situación del país mientras atravesamos una reserva de elefantes sin tener la suerte de ver ninguno en directo pero sí dibujados en las señales de tráfico que gráficamente alertaban del peligro de que un paquidermo juguetón pudiera volcarte el coche.

Nada más desempacar el equipo nos dejamos caer sobre la cama de nuestro rústico pero amplio dormitorio. Desde allí mismo ya nos llega el rumor de las olas que no solo podemos oír sino también contemplar tamizadas por la mosquitera mientras rompen en un mar azul del que aguardamos lo mejor.

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Aunque mi idea principal era el buceo intensivo con tiburones en los arrecifes exteriores, Herb ya me había prevenido, en los emails previos al viaje, del error que suponía dejar sin aletear los arrecifes más cercanos y pronto pudimos comprobar que tenía toda la razón. Sin tiempo para más descanso salimos para la inmersión de chequeo en Doodles con la idea de comenzar al día siguiente directamente con el Rock & Roll tiburonero que buscábamos en Pinnacles. Nada más comenzar la inmersión nos llega la primera sensación de un paisaje algo espartano que fue cediendo ante la creciente aparición de una vida bien alimentada y abundante que pronto tranquilizó la habitual incertidumbre sobre el acierto o error cometido al elegir cualquier destino por primera vez.

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Grandes bancos de peces, tremendas morenas leopardo, peces león sobrealimentados, peces payasos, hoja y escorpión, nudibraquios, pulpos, globos, rayas, meros y peces ángel emperador juveniles y adultos serían tan solo parte del gran reparto de esta primera toma de contacto en unas aguas que, difícilmente, se encontraran tan claras como las de otros destinos al ser muy ricas en plancton pero que, precisamente por ello, sostienen una fauna fascinante y vigorosa gracias al picante superpoder detonador de vida de este conjunto de organismos situados en la base de la pirámide trófica de los ecosistemas marinos.

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A la mañana siguiente, como habíamos concertado, llegamos sobre las 06:00 a Pinnacles en busca de nuestro primer contacto tiburonero. Que fuese domingo y que viajásemos en un grupo mayor que el de los días posteriores no ayudó a que los escualos se nos acercasen del modo que teníamos previsto pero si sirvió para comenzar a atisbar lo que se cocía en ese profundo arrecife. Es una de las inmersiones más lejanas y que, en función del estado del mar, se puede alcanzar en tan sólo 30 minutos de plácida travesía o, por el contrario, convertirse en un fatigoso trayecto de mayor duración que pondrá a prueba la resistencia de más de un buzo.

Las dos inmersiones siguientes en arrecifes próximos, Drop Zone y Aquarium, no solo nos confirmarían el enorme potencial de la vida que habita en sus saludables corales sino que también nos permitirían nadar con sus tortugas y entretenernos con los bonitos contraluces de las oquedades del fondo plagadas de millares de pequeños peces plateados.

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Todo iba bien. Bueno ... eso creía yo. Mi oído derecho se estaba negando a compensar bien desde un principio. La semana previa al viaje había tenido un gripazo del que ya me había olvidado pero él no había hecho lo mismo por mí. Sus últimas consecuencias aun  estaban latentes y preparándose para venir al mundo para mi desolación ...

Tercer día de buceo que iniciar con un plato fuerte tras una agitada y larga travesía en  día de tormenta donde algún que otro buzo comenzó a sentirse perjudicado. Es el tiempo de sumergirse en la profunda Atlantis. El grupo inicia el rápido descenso pero no puedo seguirlo. Al alcanzar los 4 metros mi oído se bloquea y me impide continuar bajando. Este es el primer aviso de lo que vendrá. Con paciencia voy logrando abrirlo y haciendo señales al guía al que ya había avisado de que esto podría suceder. Unos minutos después alcanzo al resto que ya aletea a 40 metros de profundidad.

La escasa luz de esta temprana hora de la mañana y un día plomizo y lluvioso con la superficie del mar agitada hace que la inmersión prácticamente se convierta en una nocturna. Al aproximarme al fondo diviso las curiosas formaciones geológicas que se asemejan a gruesas losas de hormigón rectangulares. Sobre ellas, unos preciosos corales verdes que se mueven peinados por la corriente junto a la casa de un tranquilo pez escorpión que allí descansa plácidamente en su acogedora cama. No muy lejos, en el piso inferior, también hace lo mismo su exótica vecina, una coqueta manzana de mar que nos muestra orgullosa las florituras de su alocado peinado.

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Durante el ascenso comienzan a aparecer las rémoras que anuncian la cercana presencia de sus anfitriones de poderosas mandíbulas que no se hacen de rogar atraídos por nuestros brillantes y sonoros señuelos y que repetirían su presencia de nuevo en el siguiente buceo en Pinnacles.

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Esa misma tarde cerraríamos el buceo en Blacks con un nuevo festival de especies y la visita de un amigable mero que, como al parecer no tenía nada más importante a lo que dedicarse, aprovechó para acompañarnos durante el paseo curioseando lo que hacían esos burbujeantes forasteros por su pequeño barrio.

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Cuarto día que amanece encapotado como el anterior. La temperatura es agradable pero el cielo acostumbra a estar nublado y una leve lluvia y el viento suelen estar presentes en nuestros trayectos en los que tampoco suele faltar el oleaje. Volvemos a Pinnacles para comenzar un nuevo descenso en el que ya me temo lo que, inevitablemente, me sucede sin demora. Uno de mis oídos se ha vuelto a bloquear impidiéndome bajar de nuevo. Casi nunca suelo utilizar la agresiva maniobra del Valsalva al descender. Suelo emplear una combinación  de Toynbee, sin presión y Frenzel con las que evito el uso de las manos al tiempo que dedico esos primeros instantes para ir comprobando que no existe entrada de agua en la cámara, colocando bien los flashes y encendiendo todo el aparataje.

Los últimos coletazos del fuerte catarro aún deben mantener ese oído inflamado que no solo no he dejado curarse sino que, además, he estado forzando desde mi llegada. Todos caen a plomo pero a mí me resulta casi imposible superar los 4 metros de profundidad por lo que decido dirigirme a la línea existente entre el carrete del guía y la boya de la superficie y rodearla formando un círculo entre mi dedo índice y mi pulgar para no perderlos. Sigo aplicando las técnicas anteriores e incluso añado algunas más como la de toser repetidamente con lo que metro a metro vuelvo a conseguir avanzar ante la atenta mirada de mi Pepito Grillo personal (PGp) que, advertida de que esto pudiera suceder, se encuentra esperándome unos metros más abajo sin perder el contacto visual. De repente percibo con alivio ese agradecido sonido del aire al escapar por el conducto auditivo y sigo descendiendo pacientemente por tramos repitiendo todo lo anterior hasta llegar al oscuro fondo donde se encuentra el arrecife de Pinnacles a más de 30 metros de profundidad.

Los tiburones no se hace esperar y comienzan a aparecer atraídos por el ruido producido por las botellas de plástico al ser retorcidas y de los brillantes señuelos que penden agitándose en el azul.

Comienza el baile de los pequeños puntas plateadas que giran acompañados de grandes rémoras a nuestro alrededor y los comienzo a perseguir con la mirada rotando en vertical sobre mi propio eje en busca del mejor momento para atraparlos en mi tarjeta de memoria. Pero, de repente, todo el escenario en bloque cobra vida propia y decide comenzar a girar por sí mismo sin que yo pueda pararlo. Lo hace lentamente en un inicio pero no tarda en cobrar velocidad y cada vez se mueve más rápido y aún más y más hasta que termina por alcanzar la vertiginosa potencia de un tornado que me obliga a cerrar los ojos al borde del desvanecimiento.

Estoy bajo el ataque de un antiguo enemigo, el vértigo alternobárico. Ya nos conocemos . Hace casi una década, en el mar Rojo Sur, me dejó con la visión a oscuras por unos interminables segundos durante los que quedé aislado de todo y a su completa merced. Este despiadado oponente aparece cuando un oído decide compensar los cambios de presión antes que su hermano porque la permeabilidad de una de las trompas de Eustaquio está alterada y le impide compensar adecuadamente produciendo una diferencia relativa de presión entre ambos con consecuencias ciertamente desagradables y, en este particular escenario, realmente comprometedoras.

En las escasas ocasiones que me he encontrado bajo el agua contra la pared y con la  punta de la espada en el pecho nunca he dudado en llamar a una aliada infalible, la calma.  Con el pleno conocimiento de lo que estoy enfrentando busco la figura de mi compañera e intento anclar mi visión en un punto de su cuerpo. No me resulta fácil y menos aún a sabiendas de que estoy rodeado de escualos a los que nunca hay que perder de vista pero en los que ahora me es imposible centrarme. En esos instantes me recorre la idea de que son muy capaces de distinguir, gracias a sus ampollas de Lorenzini, la debilidad de sus posibles presas y, aunque soy consciente de que no formo parte de su cadena alimenticia habitual, no logro desprenderme de una creciente sensación de inquietud.

Todo lo que alcanzo a ver se empeña en girar hacia la derecha pero consigo centrarme asiéndome a una de las anillas del chaleco de mi PGp y dejando los ojos cerrados. Hace tiempo que estamos muy profundos por lo que no tardamos en iniciar el ascenso en el absoluto azul donde el arriba y el abajo no existen y donde, por ello, resulta más difícil aún orientarse. Un ascenso que temo consciente de que durante el mismo mi enemigo se irá haciendo cada vez más poderoso por el efecto de la presión. En efecto, el descorazonador vértigo no se hace esperar y me ataca aún con más violencia por segunda vez. Todo gira como si estuviera dentro de un gigantesco remolino a una velocidad nauseosa, incontrolable y desesperante que me lleva a un estado de desorientación total en el que, incluso, soy incapaz de poder obtener ni la más mínima lectura del ordenador de mi muñeca. Este segundo no vendrá solo porque a medida que voy consiguiendo apaciguarlo debo continuar forzosamente ascendiendo a superficie junto al grupo - es lo que tiene llevar un reloj de aire colgado en la espalda - con lo que aparece dos veces más y consecutivas llevándome al límite de mis capacidades y multiplicándome por cero. Tan solo me queda seguir asido con el dedo índice de mi mano izquierda a la anilla del chaleco de mi PGp mientras sujeto la cámara con la derecha y centrarme en mantener a ciegas la flotabilidad, como si de un triste globo se tratase, intentando no obstaculizar el ascenso de mi compañera que se encuentra en modo lazarillo y a la que no quiero entorpecer en una parada de seguridad que soy incapaz de controlar.

Una vez alcanzada la superficie el mareo continua y se prolonga a bordo de una agitada embarcación donde intento, con poco éxito, fijar la visión en la lejana costa. Pero los cuatro vértigos padecidos unidos al movimiento del oleaje no me dan tregua alguna para reponerme y no tarda en hacer su aparición una de las odiosas compañeras del cruel vértigo, la nausea.

En esas condiciones no es prudente volver a descender y por segunda vez en mi vida anfibia me veo obligado a renunciar a una inmersión. Sentado en el suelo de la lancha, con el poder de maniobrabilidad de un nudibranquio reumático, observo con gran pesar como mis compañeros vuelven a sumergirse y me preparo mentalmente para pasar una hora de tortura en modo yo-yo junto al barquero en este aciago día donde el viento fresco y la lluvia incrementan el castigo. Antes de decidirme a alimentar a la fauna marina mozambiqueña me tumbo devastado boca abajo sobre uno de los blandos bordes de la embarcación neumática e, inesperadamente, comienzo a sentir como unos tímidos rayos de sol están consiguiendo abrirse paso entre los nubarrones y comienzan a darme algo de calor en la espalda. Parece que Neptuno ha detectado mi estado de low battery y ha querido apiadarse conectándome en modo de carga inalámbrica. Instantes después me quedo plácidamente dormido.

La cabeza de uno de los guías ha emergido de repente delante de mi cara para despertarme de mi profundo letargo. Tenía frío y ha decidido regresar a la superficie a los 30 minutos de inmersión para calentarse. El sol ahora ha comenzado a brillar y mi malestar parece haberse marchado milagrosamente con las nubes.

Ya de vuelta protagonizamos otro de los aplayizajes de récord de Herb al que le gusta montarse sobre las olas para lanzarse, como si no hubiese un mañana, directo hacia la arena y dejar aparcada su lancha en mitad de la playa por lo que si no te agarras bien y no metes los pies debajo de las tiras del fondo de la embarcación serás un seguro candidato a un gratuito vuelo sin motor de consecuencias impredecibles.

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Mientras me estoy desequipando en el centro nuestro anfitrión talla XXL se me acerca y con una amplia sonrisa me regala, nada más y nada menos, que un bote de poción mágica para los oídos que le agradezco infinitamente. Me explica que esta fórmula, tan bien guardada como la del conocido refresco de cola, es elaborada artesanalmente por su bella esposa de origen aussie por lo intuyo que bien pudiera haber sido heredada de la remota cultura maorí. Así que, gracias a estas gotas místicas, a mi ocasional inconsciencia y a la permanente cabezonería que me caracteriza vuelvo a sumergirme esa misma tarde en el sorprendente arrecife de Fingers para disfrutar del espectáculo de las grandes rayas que semiocultas en la arena se disputan el título de belleza, en la categoría de pieles de leopardo, con sus coquetas vecinas las morenas.

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Una inmersión, milagrosamente sin problemas y realmente entretenida, que culminaría cerca de la superficie junto a las espectaculares medusas, esos soberbios animales de belleza hipnótica en el agua que, lastimosamente, no parece ser concebida por aquellos que cruelmente se entretienen en pisotearlas cuando quedan varadas en la playa a merced del oleaje.

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En el quinto día el objetivo alfa era el avistamiento del esquivo tigre y para ello habíamos planificado una doble inmersión profunda. La primera acercándonos a los 40 metros en Brent's Ridge para seguir una vez más con el clásico de Pinnacles.

Hoy Herb, que nos ha estado acompañando en la mayoría de las diurnas, viene a por todas. A diferencia de otros días el cielo se ha abierto, el mar se ha calmado y nuestro anfitrión ha traído toda su artillería ultrasecreta para no errar el objetivo. Así que tras echarme un buen chorreón la pócima sanadora en cada oído voy durante el trayecto de ida compensándolos a bordo de la embarcación y protegiéndolos del viento. Al lanzarme compruebo con agrado que la mejora experimentada en la inmersión de la tarde de ayer parece ir consolidándose por lo que el gran baile se declara oficialmente inaugurado abriéndolo, como no podía ser de otro modo, una bailarina española seguida por un voluminoso y cordial  mero patata.

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Esa mañana y la del día siguiente se convertirán en memorables con los puntas plateadas acudiendo los primeros con su corte de rémoras y más tarde los puntas negras y grises. También vendrían fugazmente los corpulentos toros que se mostrarían tan tímidos como su gran majestad el tigre que, gracias al empeño del gran líder, terminaría por efectuar su excitante aparición en un par de ocasiones en el limite de nuestra visibilidad y sin tiempo para darme opción a capturar sus imágenes dado el corto alcance de mi gran angular. Los martillos también hacen esporádicas incursiones llegando  incluso aparecer en un pequeño banco que aparecerá repentinamente de la bruma y se nos cruzará de frente para dividirse en dos desapareciendo acto seguido en el azul. Aunque los avistamientos de estos grandes ejemplares serían realmente breves la emoción transmitida por su visión no dejaría de añadir un tremendo valor a la inmersión.

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A medida que concluye la primera jornada, ya acercándonos a la parada de seguridad, los puntas negras y plateadas parecen haber perdido la vergüenza y se aproximan tanto que tengo que apartarlos con la cámara con un golpe leve en el hocico. Siempre me entrego apasionadamente al amor tiburonero pero este ya está alcanzando un grado de intimidad, con acercamientos frontales a notable velocidad, que conviene ser frenado. Llega la hora de bajar el pistón y decir hasta mañana ...

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La tarde que se ha ido nublando paulatinamente hasta que definitivamente ha acabado por estropearse con el viento frío y la lluvia que han generado un poco hospitalario mar de fondo que hace que tan sólo mi PGp y yo nos decidamos a abandonar nuestro cálido refugio y la adictiva actividad del Whatsapp de tarde para salir a por la tercera repitiendo el cercano Doodles situado a tan sólo 800 metros del centro. Al descender descubrimos que realmente estamos en una diurna totalmente nocturna y comenzamos el que será el buceo más atípico y divertido de todos aleteando junto a grandes meros al compás del son que nos va marcando la fuerte corriente que nos balancea incesantemente, llegando incluso a hacer perder a mi PGp su bolsillo de lastre, que más tarde la fortuna le ayudaría a recuperar. Así, mecidos por su oscilante fuerza fuimos recorriendo el arrecife sumidos en la penumbra y envueltos en una auténtica tormenta de arena que compartiríamos codo con aletas con los bancos de peces de varias especies que se iban arracimando, a medida que se intensificaba, buscando protegerse de la fuerte corriente en el cómodo cobijo de su hogar.

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De regreso nos aguarda una sorpresa. Son las 3:30 pero Herb y su esposa ya nos esperan para sacarnos de paseo y mostrarnos el ambiente local. Así que, sin más dilación subimos a su Jeep y nos dirigimos a Fernando's Bar, antro de vicio y perversión donde los haya, donde no tardaríamos en perder la poca vergüenza que nos queda.

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Nada más entrar nuestro anfitrión se dirige un camarero que como un rayo aparece portando seis jarras cerveceras de medio litro repletas de hielo y, ni corto ni perezoso, abre una botella de ron local y enloquece volcando todo su contenido con secos golpes verticales sobre los recipientes ante el asombro del grupo tiburonero español y las sonrisas cómplices del resto de los allí presentes. Acto seguido vierte un espeso zumo de frambuesa, incapaz de admitir ni un miligramo más de azúcar en su composición, y nos invita animosamente a comenzar con su inconsciente ingesta. Así que, haciendo bueno el dicho de ... "allá donde fueres haz lo que vieres", comenzamos a asimilar este infernal brebaje denominado localmente R&R y del que inmediatamente descubrimos un efecto colateral al previsible de levantarte la tapa de los sesos. Nuestros anfitriones, de origen sudafricano y australiano, respectivamente, tan sólo se dirigían nosotros en la lengua de Shakespeare, a duras penas entendida y menos manejada por la mayoría de mis acompañantes, pero que a los pocos minutos de darnos a la bebida dejó de ser un obstáculo. El R&R nos solo había destruido millares de neuronas ... ¡También había volatilizado las barreras lingüisticas!.

Mucho más dicharacheros continuamos nuestro camino, por estrechaos caminos de arena, hacia Ponta Malongane pasando por las propiedades de pudientes extranjeros afincados en aquella especie de urbanización de lujo, también por delante de un local de striptease - en el que no llegamos a entrar - hasta llegar a un curioso bar al borde de un pantano poblado por cocodrilos en el que continuamos con nuestra incontenible ingesta alcohólica. En esta ocasión, con unos chupitos de tequila servidos en vasos de hielo y acompañados por unos ricos aperitivos dignos de cualquier local de moda de Madrid algo ciertamente surrealista teniendo en cuenta el solitario y remoto lugar de África donde nos encontrábamos.

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Elevados a un exultante estado de felicidad aparcamos en un restaurante situado en plena Ponta Malongane donde nos tenían preparado el espectacular regalo de unas vistas absolutamente impresionantes de la bahía desde una terraza instalada en lo más alto de una duna. Allí, intentamos rebajar nuestra tasa de alcohol con unas modestas cervezas 2M en un absoluto ambiente de relax respirando naturaleza a pleno pulmón. La divertida sesión de tarde tendría su broche final con una apetitosa cena en la que daríamos buena cuenta de unos jugosos pollos asados - aquí el pollo si  sabe a pollo, no como el del primer mundo y mucho menos el de las aerolíneas - que regaríamos con un agradable vino tinto sudafricano mientras bromeábamos aprovechando las últimas luces de la tarde.

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Aún no se muy bien como me levanté con buen cuerpo la mañana siguiente, pero así fue. En este centro, como mandan los cánones del buen buzo, se acostumbra a salir muy pronto con lo que se llega el primero a las inmersiones estrella en el momento en que la fauna aun no ha sido espantada por los humanos anfibios. De este modo, ya desayunados, acudíamos habitualmente al área de buceo sobre las 5 o 5:30 y esa mañana no resultó diferente a pesar de los festejos del día anterior.

Así que, tras armar los equipos nos dirigimos caminando a la playa donde nuestro guía Martin nos dio el acostumbrado briefing explicándonos el arrecife dibujándolo sobre la misma arena y transmitiéndonos sus buenas vibraciones con su pausada forma de hablar y su apacible forma de ser donde el agrado era una constante. Un excelente profesional que durante toda nuestra estancia mostró su disposición a cuidar de los buzos y que nunca se olvidó de ceder galantemente su chaqueta a mi friolero PGp durante los largos trayectos de vuelta desde los arrecifes lejanos. Todo un personaje que, bajo sus desordenadas rastas, nunca dejaba de regalar continuas risas con las que, a modo de muletilla, acostumbraba a apostillar todas y cada una de sus frases.

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En su grata compañía partimos para visitar por última vez el lejano Pinnacles buscando decir adiós a nuestros queridos tiburones. Un punto de inmersión ciertamente especial por cuanto si bien no congrega masivamente escualos como otras localizaciones mundiales si pueden lograr si que es capaz de reunir un número insólito de distintas familias de ellos concentrados en tan solo un buceo lo que es enormemente difícil de contemplar en ningún otro lugar y menos aún mezclando ejemplares tan importantes en su porte como los martillos, los toros y los tigres.

De regreso, la última parada sería Travis Drop que nos serviría de repaso final a todo lo contemplado permitiéndonos una vez más aletear junto a una colección de saludables ejemplares dignos de los mejores arrecifes para finalizar consumiendo los minutos finales rodeados de multitud de fantasmagóricas medusas flotando con sus blancas transparencias iluminadas bajo la clara lámina de la superficie como fondo.

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El tiempo del buceo había concluido. Todos los objetivos habían sido abatidos y con creces aunque muchos de ellos lejos del corto alcance necesario para poder haber sido inmortalizados ... Tan solo nos quedaba revivirlos y nada mejor que con una buena barbacoa con sus brasas avivadas al máximo - como no podía ser de otro modo con alguien tan grande como Herb - con la ayuda del poderoso flujo de una botella aire.

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Era la noche del adiós pero, como ya conté, en Ponta do Ouro tienen un remedio infalible para la tristeza. Así que, tras dar buena cuenta de la carne pasamos al coqueto bar de The Whaler, donde el R&R volvió a correr a discreción entre chupito y chupito de tequila helado, y donde, una vez más, perdimos los papeles ataviados con nuestros sombreros mexicanos.

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Y así, mientras Doris, la cariñosa perra del centro, desfilaba por encima de la barra, fuimos pasándonos el didgeridoo - instrumento de viento ancestral de los aborígenes australianos - haciéndolo sonar como cada uno buenamente pudo. Comentar que esta gran trompeta de madera no precisa de un especial virtuosismo ni siquiera de una clase de solfeo y que de ella se cuenta que su vibración trasmite la energía de la Tierra haciendo de puente de conexión con la naturaleza aunque ... para ser sinceros, lo que a nosotros nos transmitió, afectados por el R&R, no fue un sentimiento tan profundo sino un ataque de risa colectiva de los que quieres que se paren de una vez porque ya te duele la barriga.

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Y en esas, fruto de la exaltación de la amistad que conlleva toda reunión etílica, me fue revelado el secreto de la pócima para los oídos por Elaine, la hechicera sanadora aussie de profundos ojos azules, que de propina, me transmitió la fórmula magistral del infalible brebaje casero antimosquitos que guardaré celosamente para futuras aventuras.

Hay momentos donde todo se empeña en girar vertiginosamente en tu contra y en los que tan solo te queda permanecer sereno. Hay lugares que no tardan en ganarte y en los que auténticos desconocidos pronto pueden volverse familiares. Hay vivencias que te dan aun más de lo que pides y que, al recordarlas, despiertan el agridulce hormigueo de la añoranza. Hay tantas personas y lugares especiales que conocer y con los que evolucionar que dejar tranquilas las maletas nunca fue una opción.

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Más fotos en mi blog: https://izenkai.wordpress.com/2019/12/06/ponta-do-ouro-mozambique-el-ardiente-sabor-de-los-arrecifes-con-salsa-picante/

Esta crónica es la primera parte del viaje que continuaría con otra semana de buceo en Tofo y cuyo enlace dejo aquí:

http://www.forobuceo.com/phpBB3/viewtopic.php?f=15&t=154645

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Blog: Crónicas Buceo/Tierra:https://izenkai.wordpress.com/
Última de Buceo: Ponta do Ouro (Mozambique): El ardiente sabor de los arrecifes con salsa picante
https://izenkai.wordpress.com/2019/12/06/ponta-do-ouro-mozambique-el-ardiente-sabor-de-los-arrecifes-con-salsa-picante/
Última de Tierra: Nueva Zelanda: Cuando la naturaleza permanece liberada
https://izenkai.wordpress.com/2019/10/23/nueva-zelanda-cuando-la-naturaleza-permanece-liberada/
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Última edición por Izen el 14/Dic/2019, 14:22, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: PONTA DO OURO: El sabor de los arrecifes con salsa pican
NotaPublicado: 09/Dic/2019, 12:41 
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Master Diver Weber
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Impresionante...

Magnífica historia, como de costumbre, donde nos trasladas como si estuviéramos allí.

¿No has pensando en publicar estos relatos?

Muchas gracias por otra crónica increíble.

:chin: :chin:


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 Asunto: Re: PONTA DO OURO: El sabor de los arrecifes con salsa pican
NotaPublicado: 09/Dic/2019, 13:10 
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Master Diver Weber
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Da gusto leerte, casi parece que se huele el salitre...

Eso si ha faltado la fórmula sanadora de oídos :disim:

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y el Capitán Nemo exclama:
el mar no pertenece a los déspotas. En su superficie los hombres podrán aplicar leyes injustas, reñir, destrozarse unos a otros. Pero a 10 metros bajo el nivel de las aguas, cesa su reinado, se extingue su influencia y desaparece su poder.
Ahí solo existe la independencia.Ahí no reconozco voz de amo alguno. Ahí soy libre
Julio Verne: "20000 leguas de viaje submarino"


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 Asunto: Re: PONTA DO OURO: El sabor de los arrecifes con salsa pican
NotaPublicado: 09/Dic/2019, 15:44 
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Dive Monster Weber
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Registrado: 09/Sep/2007, 18:55
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villata escribió:
Impresionante...

Magnífica historia, como de costumbre, donde nos trasladas como si estuviéramos allí.

¿No has pensando en publicar estos relatos?

Muchas gracias por otra crónica increíble.

:chin: :chin:


Gracias, como siempre, villata. :chin: :chin: :chin:

De momento tengo bastante avanzado un primer libro, de carácter genérico pero con bastante salsa particular, para el que necesito completar un par de proyectos más, realmente interesantes, que tengo para el año que viene.

El siguiente que tengo en mente quizás pudiera ser, como comentas, un recopilatorio que necesitaría de un par de cocciones más y siguiendo un hilo que aun tendría que definir para intentar que no se convirtiese en un ladrillo plagado de batallitas y que iría acompañado de las fotos más potentes, con mucha mayor resolución de las que cuelgo aquí, y hablando sin tapujos de cuestiones que por prudencia nunca he querido abordar de frente para evitar dañar sensibilidades y entrar en polémicas estériles ...

Atuntun escribió:
Da gusto leerte, casi parece que se huele el salitre...

Eso si ha faltado la fórmula sanadora de oídos :disim:


Gracias Atuntun, siempre me alegra saber que mis historias llegan a los que comparten conmigo esta afición y para los que están principalmente dirigidas ...

En cuanto a la fórmula sanadora no me atrevo a ponerla no vaya a ser que deje a alguien sordo de por vida ... :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: , aunque la verdad es que a mí me salvó el viaje ... Pero como pista diré que tiene en su composición aceite del árbol del te ... :ok2: :ok2: :ok2:

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 Asunto: Re: PONTA DO OURO: El sabor de los arrecifes con salsa pican
NotaPublicado: 13/Dic/2019, 16:09 
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Registrado: 07/Jun/2012, 20:15
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Izen escribió:
villata escribió:
Impresionante...

Magnífica historia, como de costumbre, donde nos trasladas como si estuviéramos allí.

¿No has pensando en publicar estos relatos?

Muchas gracias por otra crónica increíble.

:chin: :chin:


Gracias, como siempre, villata. :chin: :chin: :chin:

De momento tengo bastante avanzado un primer libro, de carácter genérico pero con bastante salsa particular, para el que necesito completar un par de proyectos más, realmente interesantes, que tengo para el año que viene.

El siguiente que tengo en mente quizás pudiera ser, como comentas, un recopilatorio que necesitaría de un par de cocciones más y siguiendo un hilo que aun tendría que definir para intentar que no se convirtiese en un ladrillo plagado de batallitas y que iría acompañado de las fotos más potentes, con mucha mayor resolución de las que cuelgo aquí, y hablando sin tapujos de cuestiones que por prudencia nunca he querido abordar de frente para evitar dañar sensibilidades y entrar en polémicas estériles ...

Atuntun escribió:
Da gusto leerte, casi parece que se huele el salitre...

Eso si ha faltado la fórmula sanadora de oídos :disim:


Gracias Atuntun, siempre me alegra saber que mis historias llegan a los que comparten conmigo esta afición y para los que están principalmente dirigidas ...

En cuanto a la fórmula sanadora no me atrevo a ponerla no vaya a ser que deje a alguien sordo de por vida ... :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: , aunque la verdad es que a mí me salvó el viaje ... Pero como pista diré que tiene en su composición aceite del árbol del te ... :ok2: :ok2: :ok2:


Pues ya me pediré algún ejemplar, sin dudarlo.

Suerte con el proyecto editor.


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 Asunto: Re: PONTA DO OURO: El sabor de los arrecifes con salsa pican
NotaPublicado: 14/Dic/2019, 12:28 
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Registrado: 09/Sep/2007, 18:55
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villata escribió:
Izen escribió:
villata escribió:
Impresionante...

Magnífica historia, como de costumbre, donde nos trasladas como si estuviéramos allí.

¿No has pensando en publicar estos relatos?

Muchas gracias por otra crónica increíble.

:chin: :chin:


Gracias, como siempre, villata. :chin: :chin: :chin:

De momento tengo bastante avanzado un primer libro, de carácter genérico pero con bastante salsa particular, para el que necesito completar un par de proyectos más, realmente interesantes, que tengo para el año que viene.

El siguiente que tengo en mente quizás pudiera ser, como comentas, un recopilatorio que necesitaría de un par de cocciones más y siguiendo un hilo que aun tendría que definir para intentar que no se convirtiese en un ladrillo plagado de batallitas y que iría acompañado de las fotos más potentes, con mucha mayor resolución de las que cuelgo aquí, y hablando sin tapujos de cuestiones que por prudencia nunca he querido abordar de frente para evitar dañar sensibilidades y entrar en polémicas estériles ...

Atuntun escribió:
Da gusto leerte, casi parece que se huele el salitre...

Eso si ha faltado la fórmula sanadora de oídos :disim:


Gracias Atuntun, siempre me alegra saber que mis historias llegan a los que comparten conmigo esta afición y para los que están principalmente dirigidas ...

En cuanto a la fórmula sanadora no me atrevo a ponerla no vaya a ser que deje a alguien sordo de por vida ... :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: , aunque la verdad es que a mí me salvó el viaje ... Pero como pista diré que tiene en su composición aceite del árbol del te ... :ok2: :ok2: :ok2:


Pues ya me pediré algún ejemplar, sin dudarlo.

Suerte con el proyecto editor.


:lol: :lol: :lol: ... ¡¡¡Que bueno!!! ... :prt: :prt: :prt: Vendiendo ya un libro sobre planos, como los pisos ... Ya no tengo excusa para no terminar el proyecto ... :chin: :chin: :chin:

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 Asunto: Re: PONTA DO OURO: El sabor de los arrecifes con salsa pican
NotaPublicado: 14/Dic/2019, 20:39 
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POr fin he tenido tiempo de leerlo y que decir :bbS) :bbS) :bbS)

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 Asunto: Re: PONTA DO OURO: El sabor de los arrecifes con salsa pican
NotaPublicado: 16/Dic/2019, 14:57 
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alapues escribió:
POr fin he tenido tiempo de leerlo y que decir :bbS) :bbS) :bbS)


:mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: :ok2:

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 Asunto: Re: PONTA DO OURO: El sabor de los arrecifes con salsa pican
NotaPublicado: 17/Dic/2019, 15:42 
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Registrado: 31/Mar/2011, 09:29
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Buenísima crónica, como siempre.
Y las fotos, de lujo.
Está bien saber que en noviembre el mar en Tofo está más tranquilo que en agosto, porque las dos veces que estuve allí acabé con agujetas en los brazos.
Añado este destino de Punta D'ouro a los visitables/deseables.
Un saludo.


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 Asunto: Re: PONTA DO OURO: El sabor de los arrecifes con salsa pican
NotaPublicado: 17/Dic/2019, 21:52 
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Registrado: 09/Sep/2007, 18:55
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Ubicación: Gravedad 0
Nachingo escribió:
Buenísima crónica, como siempre.
Y las fotos, de lujo.
Está bien saber que en noviembre el mar en Tofo está más tranquilo que en agosto, porque las dos veces que estuve allí acabé con agujetas en los brazos.
Añado este destino de Punta D'ouro a los visitables/deseables.
Un saludo.


Si, como te agarres muy fuerte a las cuerdas puedes acabar casi sin ellos ... :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen:

Añádelo, a mi personalmente me ha encantado, iba a por los tiburones de los que quizás esperaba que se me acercaran más, sobre todo los grandes, pero, por otro lado, la variedad de la vida en los arrecifes me ha dejado impresionado superando, por mucho, mis expectativas ...

Gracias por comentar ... :ok2: :chin:

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